COPIANDO
Hasta que no tenemos una conversación de cierto tipo
digamos de un tipo diferente a los saludos rituales y
alguna pregunta educadísima que, por supuesto,
no espera respuesta,
hasta que no estamos con alguien que nos escucha con atención
que no huye de nosotros ocultándose
entre todos esos lugares comunes,
por ejemplo,
no descubrimos lo solos que habíamos estado sin saberlo.
Hasta que no oímos esa música que nos conmueve
digamos a ritmo de vals,
una voz blanca de inverosímil dulzura
y esos acordes anhelantes de séptima,
hasta que no vemos esa película
de amores desgraciados y tristes
y un final que es como una puñalada,
por ejemplo
no descubrimos todas las lágrimas
que teníamos guardadas sin saberlo.
Es mejor no esperar nada:
que la decepción no reabra las heridas que
teníamos sin curar del todo sin saberlo
Que cada viaje que me aleja de mi casa
abra mi mirada y me acerque más a mi misma
digamos de un tipo diferente a los saludos rituales y
alguna pregunta educadísima que, por supuesto,
no espera respuesta,
hasta que no estamos con alguien que nos escucha con atención
que no huye de nosotros ocultándose
entre todos esos lugares comunes,
por ejemplo,
no descubrimos lo solos que habíamos estado sin saberlo.
Hasta que no oímos esa música que nos conmueve
digamos a ritmo de vals,
una voz blanca de inverosímil dulzura
y esos acordes anhelantes de séptima,
hasta que no vemos esa película
de amores desgraciados y tristes
y un final que es como una puñalada,
por ejemplo
no descubrimos todas las lágrimas
que teníamos guardadas sin saberlo.
Es mejor no esperar nada:
que la decepción no reabra las heridas que
teníamos sin curar del todo sin saberlo
Que cada viaje que me aleja de mi casa
abra mi mirada y me acerque más a mi misma

1 Comments:
Faltó poner la fuente:
Berna Wang, La mirada oblicua
Publicar un comentario
<< Home